Los fármacos basados en GLP-1 han revolucionado el tratamiento de la obesidad en la última década, ofreciendo reducciones de peso sin precedentes del 15-25% en ensayos clínicos. Sin embargo, su adopción generalizada se ve limitada por efectos secundarios gastrointestinales significativos que afectan hasta al 80% de los usuarios, particularmente náuseas, vómitos y diarrea. Estos síntomas no solo reducen la calidad de vida sino que comprometen la adherencia a largo plazo, un factor crítico en el manejo de una condición crónica como la obesidad. Ahora, en un giro paradigmático, los mismos investigadores que ayudaron a desarrollar estas terapias están cuestionando la necesidad central del receptor GLP-1 en la farmacología antiobesidad.
La Ciencia Detrás del Cambio

Los fármacos GLP-1 como semaglutida (Wegovy/Ozempic) y tirzepatida (Zepbound/Mounjaro) funcionan principalmente activando el receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1), una hormona intestinal que regula el apetito, la saciedad y el metabolismo glucémico. Este mecanismo reduce la ingesta calórica en aproximadamente un 20-30% y mejora la sensibilidad a la insulina, pero también estimula áreas cerebrales que desencadenan náuseas. El nuevo estudio liderado por Richard DiMarchi (Universidad de Indiana) y Matthias Tschöp (Helmholtz Munich), publicado en Molecular Metabolism, explora una vía farmacológica alternativa que podría mantener la eficacia mientras minimiza estos efectos adversos.
La investigación, financiada por BlueWater Biosciences, desarrolló un compuesto experimental que activa selectivamente los receptores de las hormonas GIP (péptido insulinotrópico dependiente de glucosa) y glucagón, mientras excluye completamente la activación del receptor GLP-1. En estudios preclínicos con roedores y primates no humanos, este enfoque dual mostró una reducción de peso corporal del 18-22% durante 8 semanas, comparable a la observada con agonistas GLP-1 en los mismos modelos animales. Lo más significativo fue la marcada reducción en eventos gastrointestinales adversos: mientras los agonistas GLP-1 causaron náuseas en el 70-85% de los animales, el compuesto experimental mantuvo tasas por debajo del 15%. Los mecanismos propuestos incluyen una modulación más equilibrada de las vías de saciedad cerebral y una menor activación de centros eméticos en el tronco encefálico.
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