¿Bebes más de un vaso de agua mientras comes? Podría ser una señal de que tu hidratación diaria no es suficiente. La nutricionista Júlia Farré advierte que este hábito, aunque común, puede estar perjudicando tu digestión y reflejando un déficit hídrico que conviene corregir.
La ciencia

La hidratación adecuada es fundamental para el funcionamiento óptimo del organismo. Sin embargo, muchas personas no consumen suficiente agua a lo largo del día y lo compensan durante las comidas. Según Farré, beber más de un vaso de agua mientras se come puede diluir los jugos gástricos, dificultando la digestión. Esto ocurre porque el cuerpo, al estar ligeramente deshidratado, siente una sed intensa al comenzar a ingerir alimentos.
La experta señala que el problema no es beber agua durante las comidas, sino la cantidad. Cuando nos hidratamos correctamente durante la mañana y la tarde, al llegar a la comida o cena, con un vaso suele ser suficiente. Este comportamiento es un indicador de que el balance hídrico diario no es el adecuado, especialmente en épocas de calor donde las pérdidas de líquidos aumentan.
“"Si bebes durante la mañana y durante la tarde, te darás cuenta de que a la hora de comer y cenar, seguramente con un vaso tienes suficiente."”
La deshidratación crónica leve es más común de lo que se cree. Estudios poblacionales indican que hasta un 30% de los adultos no alcanzan las ingestas recomendadas de agua, que oscilan entre 2 y 3 litros diarios para mujeres y hombres respectivamente. Esta carencia se manifiesta no solo en la sed durante las comidas, sino también en síntomas como fatiga, piel seca y menor rendimiento cognitivo. Farré enfatiza que la hidratación debe ser constante y no reactiva: esperar a tener sed para beber es un error, porque la sed ya indica un déficit del 1-2% del peso corporal en agua.
Hallazgos clave
- Señal de deshidratación: Beber más de un vaso de agua en las comidas puede indicar una hidratación insuficiente durante el día.
- Dilución de jugos gástricos: El exceso de líquido al comer dificulta la digestión al diluir las enzimas y ácidos estomacales.
- Sed diferida: La sed intensa que aparece al empezar a comer es una respuesta compensatoria a la falta de agua previa.
- Hábito común: Muchas personas realizan esta práctica sin ser conscientes de que refleja un déficit hídrico.
- Época de calor: El riesgo de deshidratación aumenta en verano, haciendo aún más importante una hidratación constante.
- Impacto en la digestión: La dilución gástrica puede retrasar el vaciado del estómago y provocar sensación de pesadez, hinchazón e incluso reflujo en personas predispuestas.
Por qué importa
La hidratación no solo afecta al rendimiento físico y mental, sino también a procesos digestivos clave. Cuando bebemos en exceso durante las comidas, estamos interfiriendo con la primera fase de la digestión, lo que puede provocar molestias como hinchazón, pesadez o mala absorción de nutrientes. Además, la deshidratación crónica leve se asocia con fatiga, dolores de cabeza y menor concentración.
Para los entusiastas de la salud y el bienestar, este es un recordatorio de que la hidratación debe ser constante y no solo reactiva. El enfoque debe estar en distribuir el consumo de agua a lo largo del día, en lugar de concentrarlo en las comidas. Esto es especialmente relevante para quienes practican ejercicio, ya que la hidratación previa al entrenamiento es crucial para el rendimiento. Un estudio reciente en atletas mostró que aquellos que mantenían una hidratación uniforme tenían un 15% mejor rendimiento en pruebas de resistencia comparados con quienes se hidrataban principalmente en las comidas.
Además, la calidad del agua también importa. Aguas con alto contenido en minerales como calcio y magnesio pueden contribuir a la hidratación celular, mientras que el agua excesivamente purificada puede carecer de electrolitos necesarios. Sin embargo, para la mayoría de las personas, el agua del grifo filtrada es suficiente. La clave está en la consistencia: beber pequeños volúmenes frecuentemente, no grandes cantidades de una sola vez.
Tu protocolo
Para optimizar tu hidratación y evitar el exceso de agua en las comidas, sigue estos pasos prácticos:
- 1Bebe agua de forma constante: Distribuye tu consumo de agua a lo largo del día. Lleva una botella contigo y bebe pequeños sorbos cada hora, no solo cuando tengas sed. Una meta práctica es consumir al menos 8 vasos (200 ml cada uno) repartidos entre las comidas.
- 2Limita el agua durante las comidas: Intenta no beber más de un vaso pequeño (200 ml) mientras comes. Si sientes mucha sed, es señal de que necesitas más agua antes de la comida.
- 3Hidrátate antes de las comidas: Bebe un vaso de agua 30 minutos antes de comer. Esto ayuda a mantener la hidratación sin interferir con la digestión y reduce la necesidad de beber durante la comida.
- 4Escucha a tu cuerpo: Si notas que necesitas beber mucho durante las comidas, revisa tu ingesta diaria de agua. Aumenta el consumo en las horas previas. Un truco: si tu orina es de color amarillo oscuro, necesitas más agua.
- 5Ajusta según el clima y actividad: En días calurosos o después de hacer ejercicio, aumenta tu ingesta total de agua, pero mantén la distribución uniforme. Por cada hora de ejercicio moderado, añade 500-600 ml adicionales, repartidos antes, durante y después.
Qué vigilar después
La investigación sobre hidratación sigue evolucionando. Estudios recientes exploran cómo la calidad del agua (mineral, filtrada, alcalina) puede influir en la absorción y el equilibrio electrolítico. También se investiga el papel de la hidratación en la salud cognitiva y el envejecimiento. Un área emergente es la hidratación personalizada, donde factores como el sexo, la masa muscular y la tasa de sudoración determinan las necesidades individuales. Mantente atento a nuevas guías que puedan ajustar las recomendaciones de ingesta diaria según el nivel de actividad y el clima.
Además, presta atención a las señales de tu cuerpo más allá de la sed. La fatiga, los calambres musculares y la piel seca pueden ser indicadores de hidratación subóptima. Si practicas deporte, considera el uso de bebidas con electrolitos en sesiones prolongadas para reponer sodio y potasio perdidos en el sudor.
En resumen
Beber más de un vaso de agua durante las comidas es una señal de alerta de que tu hidratación diaria no es óptima. Corregir este hábito mejorará tu digestión y tu bienestar general. La clave está en distribuir el consumo de agua a lo largo del día, no en eliminarlo de las comidas. Pequeños ajustes en tu rutina pueden marcar una gran diferencia en tu salud a largo plazo. Empieza hoy: bebe un vaso de agua al despertar, otro a media mañana, uno antes de comer, y así sucesivamente. Tu cuerpo te lo agradecerá.


